miércoles, 21 de noviembre de 2007

Mi primer encuentro cercano

Me presento, soy periodista, y desde que entré a trabajar en este mundillo “farandulero” la vida se me disparó a mil por hora, de repente pasé de estar todo el día ejercitando sólo el dedo pulgar con el control remoto haciendo zapping (igual que en la canción de 31 minutos) a andar todo el día corriendo en eventos, conciertos, conferencias y galas.
En este medio, como suelen llamarlo los que se consideran muy faranduleros, una se conoce con todo el mundo, porque los mismos de siempre andan pululando de un evento en otro, lo que me ha hecho un tanto conocida en poco tiempo. A parte de esto, están los artistas.
A los primeros que me tocó conocer fue a Quilapayún, (¡fuerte experiencia!), yo recién estaba empezando a inmiscuirme en la farandulandia local cuando llegan estos ocho viejitos (eso me suponía yo), ídolos mundiales y nacionales, gigantes de la música. Bueno, la cosa es que estoy ultimando detalles para la conferencia, recibiendo a los periodistas toda amorosa (y nerviosísima) cuando aparecen estos caballeros, eran seis señores y tres no tan viejitos como me los imaginaba.
Los chicos en cuestión eran ricos, hay que reconocerlo y tenía para elegir entre un melenudo, uno rubio de barbita y otro calcado al estilo y al físico de Gonzalo Valenzuela.
Yo estaba tan histérica a esas alturas que las preguntas que iba a hacer y que preparé mentalmente para la ocasión desaparecieron de mi cabecita de pollo, trataba de recordar algo y nada…parecía llamada en espera: pip…pip…pip…¡¡¡nada!!!.
Cuento corto, terminó la conferencia famosa y los medios se fueron y yo lo único que quería era irme de ahí, porque ya no soportaba las miradas de todos estos chiquillos (de los viejitos y los jovencitos)… Los que me conocen bien saben que ante el escrutinio masculino yo me retraigo y quiero arrancar ¡¡patitas pa’ que las quiero!!. Pero no, a mi lindo jefecito se le ocurrió ponerse a conversar con los Quila y nada que se movía, más encima ellos se conversaban, me miraban y me sonreían.
Para peor, a jefecito se le ocurrió la genial idea de ofrecerse a guiarlos hasta un centro cultural cerca del hotel. Cuando esperábamos a los integrantes fuera del hotel, los más jóvenes se pusieron a conversar en francés (todos dominan a la perfección ese idioma) y me miraban y yo pensando “trágame tierra plis”. Al final llegamos al dichoso (y lejano) centro cultural. Cuando fueron entrando, todos los viejitos se despidieron muy gentilmente y los lolos del grupo me echaron la última mirada…y yo, a esas alturas ya era color fucsia por completo.
Al otro día los fui a ver al show, sonaron espectaculares y los lolos de la banda tenían unas voces ¡¡¡colosales!!!...en pocas palabras, ídolos los ¡¡¡Quilapayún!!!

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